La vocación marina del Casco Antiguo y la nacionalidad.
La vieja ciudad de Panamá se construyó en 1519 como consecuencia lógica del descubrimiento del Mar del Sur. Fue la primera ciudad hispánica colonial del Pacífico. De allí su orientación marina como marca de nacimiento.
De igual forma, por coherencia histórica, el Casco Antiguo confirma nuestra vocación marina nacional, posteriormente. El diseño urbano de la ciudad de Panamá allí reconstruida en 1673, después de la traumática destrucción de la vieja ciudad, en 1671, tiene como eje urbano su Aduana, luego casa del oidor Quiñones, hoy Presidencia de la República.
Esta casa principal del conjunto monumental nos explica, simbólicamente, que el Casco Antiguo es nuestra principal ciudad colonial, una ciudad-puerto, al servicio del comercio marítimo entre España y sus colonias, al mismo tiempo que como ciudad-centro-de-expediciones, al servicio de la conquista española de Centro y Suramérica.
La conquista de Perú, por ejemplo, está íntimamente relacionada con la isla de Taboga (que servía entonces como puerto de la ciudad de Panamá) y no habría habido un Virreinato del Perú sin ciudad de Panamá, puesto que España no habría tenido, entonces, acceso a Perú y su oro si no fuera por la conexión interoceánica de la ciudad-puerto de Panamá, hoy nuestro Casco Antiguo. También el Casco atesora marcas o huellas urbanas de nuestra historia de la interoceanidad del siglo XIX y de la experiencia republicana temprana.
De una parte, el Casco Antiguo es el renacimiento de Panamá Viejo, la ciudad de origen destruida. Ambos conjuntos monumentales son almas gemelas con un mismo cordón umbilical, incluso se reutilizaron piedras de la vieja ciudad para construir la nueva. Ambas ciudades mantienen el mismo concepto de ciudad-puerto, conexión interoceánica con Portobelo y de ciudad del Mar del Sur. Más tarde, como ciudad terminal con la actual ciudad de Colón, durante la fase del ferrocarril y, luego, del Canal interoceánico.
El binomio Panamá Viejo/Casco Antiguo contiene un significado fundamental y originario en la construcción de la nacionalidad panameña. Por una parte, la destrucción de la vieja ciudad por la conquista y el saqueo externo simboliza, en la memoria colectiva de los panameños, la amenaza de muerte y destrucción de nuestra nacionalidad. Por otra parte, el Casco Antiguo simboliza la esperanza, la capacidad de renacer de nuestras cenizas, la voluntad nacional de continuidad y permanencia. Incluso, hubo varios fuegos voraces en el Casco Antiguo que amenazaron con destruir nuestra ciudad en los siglos XVIII y XIX. Pero fue reconstruida, una y otra vez. De allí que ella hospede edificios hispánicos coloniales franceses del siglo XIX y republicanos de estilo neoclásico y barroco de inicios de la República de Panamá, como una superposición histórica y arquitectónica de nuestra experiencia de vida nacional.
El Casco Antiguo es un conjunto monumental que –como un libro de síntesis de la historia de la nacionalidad panameña, escrito en monumentos, callejuelas, plazas y paseos– explica el hilo conductor de la historia de Panamá desde la conquista hispánica hasta nuestros días, llevándonos de la mano hacia nuestro pasado. El Casco Antiguo contiene en sí mismo el significado histórico y cultural del país “puente del mundo”, la ruta interoceánica del comercio mundial y el mundo global.
El Casco Antiguo expresa de manera simbólica a través de su ciudadela que es, precisamente, en la historia de la sociedad y en la cultura de la interoceanidad que ella representa, en donde surge y se consolida nuestra identidad de país intermarino y globalizado; también, una sociedad desigual, multicultural y plurirracial (con espacios socio-urbanos de intra y extra muros).
Construir rellenos en la costa del Casco Antiguo para realizar la tercera fase de la cinta costera equivale a falsificar un documento histórico, borrando la huella marina de su Aduana y de sus fuertes, que quedarán empotrados en un espacio de cemento sin sentido, como un documento sin autenticidad.
Mientras nuestros vecinos de Costa Rica propusieron, recientemente, una oferta turística cultural, complementaria a su propuesta ecoturística, como apuesta al desarrollo sustentable, Panamá se mantiene rezagado, con políticas obsoletas del desarrollo salvaje, que desestima y destruye su potencial histórico y cultural.