Un trabajo que cambia la vida.
Soy trabajadora Social desde hace 16 años. Siempre me ha gustado mi trabajo, el relacionarme con las personas, escucharles, animarles y brindarles una mano para apoyarse. Pero sobre todo lo que enseñamos desde nuestra profesión: a crear, cultivar y mantener agentes multiplicadores; enseñar a AUTO VALERSE, AUTOGESTIONARSE , promoviendo AGENTES DE CAMBIO, capaces de cambiar y ayudar a cambiar a otros. Es por ello que al ser invitada a entregar mi hoja de vida, lo hice con la esperanza de seguir creciendo y promoviendo este tipo de actitud en mis conciudadanos.
Desde el mes de junio tengo el privilegio de ser parte de un equipo humano extraordinario de profesionales, que brindan no solo su tiempo, sino sus conocimientos técnicos, y sobre todo su calidez humana.
Durante este corto tiempo han pasado por mi vida alrededor de 100 mujeres hoy egresadas de CAPTA, con historias tan difíciles y realidades que parecieran de otra época o sacadas de películas o novelas de corte rojo. Entre pobreza, falta de o muy poca educación, maltrato físico, social, sexual y emocional, el padecimiento de abandono literal por parte de sus progenitores, negligencias paternas-maternas, desnutrición, falta de alimentación balanceada, adicciones (de ellas o de sus familiares)… Relaciones sentimentales totalmente disfuncionales, dependientes y hasta peligrosas; sumado a la falta de una vivienda adecuada, hacinamiento, ambientes no higiénicos e inseguros sumergidos en la violencia. Con ellas hemos tenido momentos tensos y momentos de complacencia y emociones muy especiales.
Me preguntaban hace poco cual era mi aporte al equipo y me atreví a decirles que: ”ser los ojos, pies y oídos de la fundación”; porque a través de mi experiencia, de los informes y las fotos evidenciamos la realidad a la que se enfrentan día a día estas mujeres valientes: heroínas como las define la presidenta de la fundación. Porque son aspectos que no logramos rescatar en las aulas de clases del todo, lo que trae como resultado (y pienso que no solo a mi sino a todo el equipo) el sensibilizarnos, comprenderles y nos hace admirar los pequeños o grandes cambios que realizan en sus actitudes y aptitudes. Como persona me he rencontrado y crecido, pero sobre todo me he sensibilizado con mi gente.
En este último artículo del año que escribo, quiero dar gracias a la vida por la oportunidad de trabajar para mi gente bella, nuestra gente, gente de barrio, gente que lucha, sueña , espera y merece una mejor calidad de vida. Gracias a todos los que hoy no están en la fundación pero dieron lo mejor de sí: Nicole, la señora Dagmar por darme la oportunidad. Y al equipo formado por mi amigo Nefthaly y Melany (mis compañeros de caminatas), Patricia, Dalys, Christine y Marlene, al igual que a la más pequeña del equipo: Nayrobis. De igual forma a Jaime, Celia, Jorge, María Fernanda, Jackie, Cándida, Damaris y Sol: porque todos y todas dan lo mejor por CAMBIAR UNA VIDA.













